Sunday, March 4, 2012

Lectura del teatro cubano de las orillas en La Habana y Nueva York


El río tiene dos orillas pero el agua que corre en él,  es la misma.
                                                              Yezid Paez, dramaturgo colombiano.
 
 
El lunes 13 de febrero, en La Habana, abrió Aquíallá, ahora, el ciclo de catorce lecturas dramatizadas de teatro cubano de las dos orillas. En La Habana, lo presento Yohayna Hernandez, de la revista Tablas/Editorial Alarcos, que junto con Pedro Monge Rafuls de OLLANTAY Center for the Arts, es la creadora del proyecto. Yohayna ademas de presentar el programa,  leyo las palabras que Monge Rafuls dirigio a los presentes a la primera lectura, La fiesta de Jose Triana.  Por su lado, OLLANTAY comenzo hoy con la lectura de Adiós a Cuba de Luis Enrique Valdes, un joven dramaturgo de la Isla. Las otras seis lecturas escritas por dramaturgos de la Isla, que se leeran en Nueva York, tendran lugar en 6 distintos sabados durante marzo. Las fechas por completar se le informara a su debido tiempo, a todos los interesados que se comuniquen con OLLANTAY (347-738-6323). En el programa de mano que OLLANTAY entrega a los participantes, aparecen las palabras que para el ciclo completo de las lecturas escribiera Yohayna Hernández.
En sus palabras, Monge Rafuls trato de hacer notar que el teatro cubano es uno solo y que tiene muchas cosas semejantes, sin importar el lugar donde se escriba; pero claro, según Monge, con diferencias. Ahora corresponde a los interesados averiguar sobre los autores y las obras que se leyeron tanto en La Habana, como en Nueva York.
A continuación reproducimos, con autorización de Pedro Monge Rafuls, las palabras que mandó para ser leídas en La Habana en la inauguración de estas jornadas históricas.



Aquí, allá, ahora

En este momento en que Yohayna lee esta nota, entre ustedes, en La Habana, igual que en Nueva York, de forma callada, tranquila, está sucediendo un hecho trascendental ---¿y por qué no decir histórico?--- para nuestras artes: está ocurriendo un encuentro cultural, sobre todo teatral cubano. Y dije y repito: cubano.
Ha sido mi sueño y ha sido el sueño de muchos, por años; el que hoy, por primera vez, se pueda hablar de un verdadero puente artístico, entre las dos llamadas orillas cubanas.
Hoy, 13 de febrero, con La fiesta de José Triana, residenciado en París, se inaugura un ciclo de siete lecturas dramatizadas de obras escritas fuera de Cuba, al mismo tiempo que con la obra Adiós a Cuba de Luis Enrique Valdés Duarte, que vive en La Habana, se inaugura un ciclo de siete obras escritas en Cuba que no son conocidas en los Estados Unidos, particularmente en Nueva York, la capital del teatro. Después de Adiós a Cuba, durante seis sábados en marzo, se van a leer las otras seis obras, escritas en la Isla.
¿Acaso es la primera vez que se lee o se presenta en los Estados Unidos una obra escrita en Cuba en los últimos cincuenta años? ¿Acaso es la primera vez que ustedes, en Cuba, han tenido la oportunidad de ver el trabajo de un poeta, o novelista; o alguna obra cubana de la diáspora? Todos sabemos que la respuesta es no. Ya, muy esporádicamente, se han visto en la Isla manifestaciones culturales, incluyendo teatrales, de los que vivimos fuera de Cuba. Acaba de presentarse el segundo volumen de una antología de la Editorial Alarcos que incluye obras escritas fuera de la Isla. Por otro lado, muchos cantantes, escritores y hasta obras producidas en Cuba han sido presentados en varias ciudades de los Estados Unidos, incluyendo a Miami. Se puede pensar que nada nuevo está ocurriendo.
Pero hoy, ustedes en La Habana y nosotros en Nueva York, somos parte del primer puente artístico hecho por dos instituciones culturales (La Casa Editorial Tablas-Alarcos y el Centro de las Artes OLLANTAY) a niveles iguales. Sin trasfondos que no sean otros que conocernos y unirnos. Eso es lo que hace único e histórico este encuentro de nuestro teatro. En este puente pretendemos vernos sin separaciones. Ya muchos, incluyendo a Rine Leal, quien lo dijo hace años, hemos pensado que el teatro cubano es uno solo. Nosotros aquí o nosotros allá somos un solo teatro.
 Así lo entendimos Yohayna y yo cuando comenzamos a trabajar en este proyecto que hoy está realizándose; pero que conste, no lo hemos hecho solo; muchos nos han acompañado, muchos tienen la expectativa de que este primer verdadero intercambio, sin mirar más para un lado que para el otro, tenga frutos artísticos futuros. La labor consiste ahora en que los investigadores, los críticos y cualquier teatrista se interesen en averiguar y estudiar lo que se escribe en cualquier parte, para que nuestro teatro se enriquezca con las similitudes y diferencias. 
Las siete obras que ustedes van a poder ver en lecturas dramatizadas han sido escritas por autores de varias tendencias estéticas, e incluso, como en el caso de Manuel Martín Jr., y Nilo Cruz, en inglés. Todas han sido escritas durante distintos períodos y todas, de una forma u otra, tienen la cubanía reflejada en ellas; todas forman parte de la historia y la rutina teatral nacional. Se pueden catalogar como tradicionales, populares, surrealistas, o como ustedes piensen que se deben clasificar.
Nos estamos conociendo, aquí y allá ahora, y esperemos que este sea el comienzo de una alianza profesional.
Hoy están reunidos para la lectura de La fiesta de José Triana y es una primicia, porque la obra ni se ha leído ni se ha representado antes, desde que la publicamos en una antología, editada por Rine Leal para OLLANTAY. Como sabemos, Triana ha llevado su teatro a los escenarios más importante del mundo. Ustedes están viendo lo que, para mí, es la cumbre del choteo en la literatura cubana.
Luego, seguirán las lecturas de El súper de Iván Acosta y de Union City Thanksgiving; ambas estrenadas con mucho éxito en Nueva York. Seguro que al oír las lecturas dramáticas de estas dos piezas, recordarán La casa vieja de Abelardo Estorino y el teatro de Héctor Quintero, y es que no puedo evitar repetir que somos lo mismo y tenemos la misma idiosincrasia, sin embargo, tenemos distintas experiencias. El súper es, en Nueva York, el que limpia y mantiene el buen manejo de un edificio; quizás ese detallito ayude a entender mejor la situación de Aurelio, quien con su familia, ha salido hace poco de la Isla. Atrás se quedan los recuerdos y se enfrentan a la falta de comunicación y contactos familiares que existía en los sesenta, entre los que nos íbamos y los que se quedaban. En la obra de Manuel Martín se celebra una fiesta importantísima en la sociedad estadounidense, el día de dar gracias a Dios. También esta familia cubana se reúne a dar gracias en una sociedad completamente distinta a la que dejaron los mayores y que no conocen los más jóvenes. El conflicto es obvio. También es obvio que la nueva generación no se enfrenta a la nostalgia a la que se enfrentan sus padres. En ambas obras nuestra idiosincrasia está ahí, a flote; pero en ambas la familia cubana se enfrenta a una nueva cultura, a la que forzosamente tiene que adaptarse.
En el orden de las lecturas, le sigue Exilio de Matías Montes Huidobro y Vida y mentira de Lila Ruiz de José Corrales. Exilio trata sobre el comienzo de la revolución que bullía antes de 1959 y en los principios de los sesenta. También trata de la situación marginada de los homosexuales, tema regularmente tabú en la literatura latinoamericana de la época en que fue escrita la pieza. Aquellos que tengan acceso al texto publicado recientemente en Cuba, quizás van a recordar que José Brene y otros dramaturgos isleños han tratado el teatro político con apasionamiento. También los que lean u oigan la lectura de la obra de José Corrales, podrán observar cómo la enredada técnica de la escritura y el estilo pueden encontrarse, años después, en Chamaco de Abel González Melo. Es curioso notar esta coincidencia en dos generaciones y experiencias distintas, que nuevamente habla de nuestras similitudes.  Tema de un estudio comparativo que un día se realizará.
Le sigue Nilo Cruz, el único cubano que ha ganado el prestigioso Premio Pulitzer. Nilo escribe en inglés cubano---si eso se puede decir--- tanto por sus temas como por su forma de acercarse a la construcción del idioma anglo. Pertenece Nilo a una generación y forma de escritura distinta al resto de los seis dramaturgos que aquí se leerán.
Y por último viene mi Se ruega puntualidad, de ella no diré absolutamente nada. Los comentarios se los dejo a ustedes, ojalá ---si son buenos solamente--- me los hagan llegar. Solo deseo darle las gracias al director y a los actores que la van a leer. A los actores, directores y presentadores del Ciclo. A todos los presentes, gracias.
    
                                              Pedro Monge Rafuls
                                              New York, 31 de enero de 2012

Información tomada de boletines de prensa de Ollantay Theather Center for the Arts.


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