Showing posts with label Novela chilena-Siglo XXI-Crítica e interpretación. Show all posts
Showing posts with label Novela chilena-Siglo XXI-Crítica e interpretación. Show all posts

Sunday, April 26, 2009

Amberes: un experimento de difícil lectura

Roberto Bolaño. Amberes. Barcelona: Anagrama, 2002 (Narrativas hispánicas; 331).

Después de haber leído la novela Nocturno de Chile, de la que escribí el ensayo titulado: “Nocturnidad y posoccidentalidad en la literatura latinoamericana: Del ‘Nocturno’ de José Asunción Silva a Nocturno de Chile de Roberto Bolaño”, Amberes me resulta un texto de corta repercusión. No me siento capaz de reducirlo a un argumento, incluso, no lo consideraría una novela: por su fragmentariedad, por lo anónimo de sus personajes, por la dificultad de considerar la unidad de la historia.

Pesquisas policiales transcurridas entre Castelldefels, pueblo cercano a Barcelona, y esta propia ciudad; una muchacha pelirroja entregada a placeres sadomasoquistas; las andanzas de un emigrado insomne como lo es entonces el propio Bolaños, son algunos de los motivos un tanto desarticulados, que nunca conducen a una historia coherente, que no arman una historia que progrese.

Es evidente que no son de mi gusto como lector, textos que como Amberes son de una condición experimental extrema, donde la anécdota se diluye en la niebla de la narración inapresable. Sin embargo, Bolaños sigue constituyendo para mí una próxima estación para leer.

Kevin Sedeño Guillén
Universidad Nacional de Colombia

Jamás escríbí cartas



Diamela Eltit. “Los vigilantes”. Tres novelas.

Prólogo de Sandra Lorenzano.

México: Fondo de Cultura Económica, 2004. pp. 27-139.


El argumento de la novela Los vigilantes (1994) puede resumirse como el conflicto que se establece entre una mujer y su esposo separados, en torno a la educación de su hijo común, que sufre de retardo mental. La protagonista escribe cartas a su ex – esposo en las que le expone sus conflictos con la madre de él, con sus vecinos y con unas fuerzas represivas de la sociedad que aparecen acechantes, aunque veladas. Todos ellos en conjunto constituyen esos vigilantes que agraden la intimidad de su hogar, cuestionan la manera en que educa a su hijo retrasado y castigan toda manifestación de diferencia, encarnada precisamente en este niño atípico.

Ella no escribe en realidad cartas, porque no está esperando o porque no recibe nunca respuestas, aunque parece responder comunicaciones recibidas, pero estas no aparecen en el texto. Sólo quiere dar testimonio de sí misma, dejar dicho y evitarse así la vergüenza de no haberse opuesto a la represión totalitaria. Como ella mismo lo afirma: “Si las pruebas contundentes de este juicio radicaran en lo escrito, lo escrito es la razón de mi condena. Pero quiero insistir, y eso se sabe, que jamás escribí cartas, sólo escribí para no llenarme de vergüenza” (125). Sin embargo, el poder vence a la capacidad de denuncia de la protagonista, como testimonia su hijo: “Pero mamá ahora no escribe porque busca confundirse con la noche” (131).


Kevin Sedeño Guillén

Universidad Nacional de Colombia