Bojear la isla es circundar un espacio en que aún no hemos desembarcado, medirle sus cabos y bahías, inventariar sus cayos y paisajes. Bojear la isla es medir palabras, propagar escritos, pensar insularmente. Bojear la isla implica pensar y escribir sobre la literatura y la realidad de nuestro mundo en sus aislamientos e interconexiones.
Thursday, July 16, 2009
Tuesday, July 14, 2009
Sujeto hermenéutico, sujeto epistemológico: mundos y teorías posibles
Plantea Mignolo que es necesario “…distinguir el sujeto hermenéutico (que vive en y transmite una herencia cultural) del sujeto epistemológico (que vive en y transmite una herencia cognoscitiva-disciplinaria o científica-) (Mignolo 106). Añade seguidamente que:
Si como sujetos hermenéuticos inscriptos en la tradición hispanoamericana podemos aceptar e identificarnos con la expresión “nuestra América” y “nuestra literatura”, no se desprende necesariamente de ello que, como sujetos epistemológicos, debamos encontrar una teoría (que sea una definición de una hipotética unidad literaria). La cuestión se desplaza así de la aparente necesidad de una teoría de la literatura hispano (latino) americana que defina una esencia, a la actividad teórica que permita describir y explicar las peculiaridades de prácticas discursivas (la de Vargas Llosa o la de los Chamelas, poco importa) de países colonizados (108)
El sujeto epistémico, epistemológico, investigador o sujeto cognoscente es quien desarrolla la acción de conocer; quien recibe la impresión sensorial de la realidad, la capta, concibe, conceptualiza y la expresa en forma de nuevo conocimiento a través del lenguaje. El sujeto epistémico se construye y se transforma en su interacción con el objeto de conocimiento y con la cultura.
Por su parte, el sujeto hermenéutico u objeto de conocimiento/objeto de estudio (En este caso la literatura latinoamericana) es una construcción social, en tanto objeto pensado por la comunidad académica, al cual se le atribuyen una serie de características que lo identifican y hacen posible su conocimiento (Investigación). Igualmente el sujeto hermenéutico se transforma en la relación con el sujeto epistémico.
Para que se produzca conocimiento, episteme, es necesario que haya relación entre sujeto epistémico y sujeto hermenéutico, de lo contrario cada uno puede existir de manera independiente pero ya no serían sujeto cognoscente ni objeto cognoscible sino entes. Este análisis lleva a Mignolo a concluir que teorizar a través de las fronteras culturales implica:
a) la renovación del campo de estudio y la modificación de las premisas bajo las cuales hemos concebido y concebimos “la literatura”;
b) la distinción entre el sujeto hermenéutico, (para quien una herencia cultural indicada por el posesivo “nuestra/o” tiene sentido identificador) del sujeto epistemológico que tiene por tarea describir y explicar la naturaleza de la identidad cultural (110).
Gloria Aldana de Becerra
Centro de Investigación y Desarrollo
Fundación Universitaria del Área Andina
[1] Publicado en Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. 17.33 (1991): 103-112. 15 mar. 2009. Disponible vía JSTOR. <http://www.jstor.org/stable/4530531>
La imagen artística pertenece a Sarah MacKenzie y fue tomada de Educational Insights.
http://www.ccfi.educ.ubc.ca/publication/insights/v12n01/articles/defreitas/index.htmlTuesday, July 7, 2009
Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz 2008
Enrique Labrador Ruiz (1902 - 1991), nombre que lleva este Premio, constituye uno de los más notables novelistas y cuentistas del período republicano cubano. Entre sus libros se encuentra Grimpolario (1937, poesía) y los textos narrativos: El laberinto de sí mismo (1933, novela), Cresival (1936, novela), Anteo (1940, novela), Carne de quimera (1947, cuentos), Trailer de sueños (1949, cuentos) y La sangre hambrienta (1950, novela). Publicó también la colección de cuentos El gallo en el espejo (cuentería cubiche) (1953). Su cuento Conejito Ulán (Premio nacional Hernández Catá 1946), constituye una muestra antológica de este género en Cuba.
Héctor R. Romero nació en Cuba. Obtuvo un Ph. D. de University of Illinois-Urbana en 1970. Sus líneas de especialización son la literatura hispánica de los siglos XIX y XX, la literatura hispánica en los Estados Unidos, con énfasis en los escritores cubano-americanos y la literatura caribeña. Hace parte desde 1998 del International PEN Club, Miami Chapter y de la García Lorca Society y ha publicado: Selected Proceedings: International Conference on Caribbean Studies (Ed.)(University of Texas Pan American Press, 2008), Nuevas perspectivas sobre la generación del 27. (Ed.) (Ediciones Universal, 1983), La evolución literaria de Goytisolo (Ediciones Universal, 1979), "The Generation of 1927", Co-editor, special issue of the Journal of Spanish Studies Twentieth Century, IV, No, 2 (1978). Se encuentra trabajando en el libro titulado: Acculturation and Alienation in the Narrative of Cuban-American Writers in the United States.
El profesor Romero ha llevado su sentimiento de lo caribeño hasta los desiertos de Texas y desde allí ha promovido la realización de International Conference on Caribbean Studies (ICCS), que tuvo su primera versión en South Padre Island en el 2006 y preveé volver a convocar a los estudiosos y estudiosas del Caribe en Cartagena de Indias, Colombia, en el 2010.
Saturday, July 4, 2009
Wednesday, July 1, 2009
Sexualidades enfrentadas, imagen del Otro andino y conflictos en la reconfiguración de la nación colombiana
Kevin Sedeño GuillénE-mail: krsedenog@unal.edu.co
Universidad Nacional de Colombia
El personaje de Fernanda del Carpio ha sido diversamente leído y sobreinterpretado como casi todos y todo en la novela Cien años de soledad (1967) de García Márquez, en un aluvión crítico que por momentos tiende más a desfigurar el texto que a reconstruir su compleja red de relaciones intra y extratextuales[1]. En esta breve aproximación nos proponemos una lectura de la imagen del Otro andino que construye la novela, por medio del personaje de Fernanda del Carpio, quien al ser involucrada en el mundo de la sexualidad de Macondo, pone en evidencia la inoperancia de su tradición cultural en la nueva geografía en que ha sido incorporada, mecanismo con el que la novela apela metafóricamente a la continuidad de los conflictos irresueltos entre las élites andinas bogotanas y las costeñas o caribeñas, en la reconfiguración de la nación colombiana[2].
La noción de “frontera semiótica” propuesta por Iuri Lotman, nos servirá de herramienta teórica para aproximarnos al acercamiento entre dos mundos excluyentes que presenta la novela. Según este autor: “Así como en la matemática se llama frontera a un conjunto de puntos pertenecientes simultáneamente al espacio interior y al espacio exterior, la frontera semiótica es la suma de los traductores-«filtros» bilingües pasando a través de los cuales un texto se traduce a otro lenguaje (o lenguajes) que se halla fuera de la semiosfera dada” (Lotman, 1996: 24). Esta noción nos permitirá analizar como la construcción del personaje de Fernanda del Carpio, da cuenta del contacto cultural entre el mundo caribeño de Aureliano Segundo y el universo andino al que ingresará él, sólo para tomarla en matrimonio y arrastrarla a su propio mundo. Esta necesidad de poner a dialogar entre sí el mundo caribeño y el andino, estaría en la base de la agenda de la novela como propuesta de reconfiguración de la nación colombiana desde el reposicionamiento de los roles de sus actores regionales. La primera descripción de este personaje sirve como código para interpretar desde una perspectiva caribeña la constitución del mundo andino:
Fernanda era una mujer perdida para el mundo. Había nacido y crecido a mil kilómetros del mar, en una ciudad lúgubre por cuyas callejuelas de piedra traqueteaban todavía, en noches de espantos, las carrozas de los virreyes. Treinta y dos campanarios tocaban a muerto a las seis de la tarde. En la casa señorial embaldosada de losas sepulcrales jamás se conoció el sol. El aire había muerto en los cipreses del patio, en las pálidas colgaduras de los dormitorios, en las arcadas rezumantes del jardín de los nardos. Fernanda no tuvo hasta la pubertad otra noticia del mundo que los melancólicos ejercicios de piano ejecutados en alguna casa vecina por alguien que durante años y años se permitió el albedrío de no hacer la siesta. En el cuarto de su madre enferma, verde y amarilla bajo la polvorienta luz de los vitrales, escuchaba las escalas metódicas, tenaces, descorazonadas, y pensaba que esa música estaba en el mundo mientras ella se consumía tejiendo coronas de palmas fúnebres (García Márquez, 1986: 165-166).
El mar y el sol son los elementos naturales primordiales del imaginario caribeño, que denotan la ajenitud de Fernanda para el universo de Aureliano Segundo. El de ella es visto como un espacio lúgubre, fantasmal, en que se respira la muerte y donde cualquier libertad, incluida la de no dormir la siesta, están proscritas[3]. Por oposición implícita en esta dualidad, el Caribe sería un espacio de vida y libertad. En este capítulo de la novela se presenta la existencia de una densa frontera cultural entre ambos territorios, que actúa a la vez como frontera semiótica cuya función “…se reduce a limitar la penetración de lo externo en lo interno, a filtrarlo y elaborarlo adaptativamente” (Lotman, 1996: 26). No quedan dudas sobre la posicionalidad caribeña del narrador que acentúa el carácter conflictual del contacto cultural entre ambas regiones[4]. La forma primordial que asume la puesta en contacto entre ambos espacios es la sexualidad como forma de penetración fronteriza, que tiene en el matrimonio Buendía-del Carpio su primer nicho intercultural. La visión irónica del narrador nos confronta con la pacatería atribuida a la sexualidad de ella: “Descontando la Semana Santa, los domingos, las fiestas de guardar, los primeros viernes, los retiros, los sacrificios y los impedimentos cíclicos, su anuario útil quedaba reducido a 42 días desperdigados en una maraña de cruces moradas” (García Márquez, 1986: 168). La contraposición entre su cronograma sexual limitado y la vida sexual pletórica que encuentra Aureliano en los brazos de Petra Cote, tiende también a contraponer las sexualidades de ambas mujeres como estereotipos de sus propias procedencias étnicas y culturales.
El matrimonio entre Fernanda del Carpio y Aurelio Segundo, sea quizás -al mejor estilo de las denominadas “novelas fundacionales” latinoamericanas del siglo XIX[5]- un intento de refundar la nación colombiana a través del enlace entre dos estirpes representativas de dos mundos ajenos y enfrentados -la centralidad andina y la marginalidad caribeña-, pero aprisionados en un mismo espacio político-territorial: la República de Colombia. La búsqueda obsesa de la mujer deseada, que lleva a Aureliano Segundo a penetrar más allá de las fronteras de su mundo, parece impregnada de una necesidad de la estirpe de renovar sus genes, de un ansia de refundación comparable a “…la temeridad atroz con que José Arcadio Buendía atravesó la sierra para fundar a Macondo…” (167). Como recuerda Lotman a propósito de Romeo y Julieta, el enlace de Fernanda y Aureliano, “…une dos espacios culturales enemigos, revela claramente la esencia del «mecanismo de frontera»” (Lotman, 1996: 27).
Sin embargo, a pesar de su desventaja numérica, Fernanda actúa como una conquistadora, imponiendo sus códigos morales y sociales a los Buendía: “…el círculo de rigidez iniciado por Fernanda desde el momento en que llegó terminó por cerrarse completamente, y nadie más que ella determinó el destino de la familia” (García Márquez, 1986: 170). Se produce entonces un proceso de inversión que traslada los estereotipos que identificarían el mundo andino, al seno mismo de una familia caribeña fragmentada y ahora subyugada por la extraña: “Poco a poco, el esplendor funerario de la antigua y helada mansión se fue trasladando a la luminosa casa de los Buendía” (171).
Las esperanzas de refundación nacional implícitas en el matrimonio Buendía- del Carpio fracasan y la rigidez de las costumbres andinas termina imponiéndose sobre la vida carente de tradiciones de Macondo, en abierta metáfora del destino de una nación diversa reducida a una concepción centralista del poder ejercida desde la capital andina, “…la ciudad de los treinta y dos campanarios” (169). Estas “fricciones domésticas” (171), se asimilan a los conflictos interregionales por la detentación del poder, en la reconfiguración de la nación desde centros enfrentados y aparentemente irreconciliables. Pero a pesar de la influencia cultural andina impuesta por “Fernanda del Carpio de Buendía”, el proceso de modernización de Macondo viene por otro lado, de la propia estirpe de los Buendía, en cabeza de Aureliano Centeno, que inventa el helado al combinar los sabores de frutas con el excedente de su fábrica de hielo y de su avanzado medio hermano Aureliano Triste, que regresó al pueblo en “[e]l inocente tren amarillo que tantas incertidumbres y evidencias, y tantos halagos y desventuras, y tantos cambios, calamidades y nostalgias había de llevar a Macondo” (178).
La concepción de estos pasajes de Cien años de soledad parece deberle no poco al propio tránsito que realizara su autor hacia el mundo andino, los ojos con que mira este ámbito Aureliano Segundo los comparte con el narrador mismo. Por otro lado, a pesar de la imagen estereotipada del “cachaco” que ofrece la novela, su recepción en la región central de Colombia –mediada por circuitos transnacionales de alta cultura- tiene a olvidar estos agravios y la asume como un testimonio de la otredad, de un mundo exótico y continuamente ajeno. Finalmente, lejos de proponer una dinámica de integración nacional, la agenda que subyace en Cien años de soledad parece reemplazar unos centros de poder por otros, reproduciendo las dinámicas del conflicto entre los Andes y el Caribe colombianos en la reconfiguración de la nación colombiana en la segunda mitad del siglo XX.
Bibliografía citada:
García Márquez, Gabriel (1967). [Capítulo XI]. Cien años de soledad. 15 ed. Bogotá: Editorial La Oveja Negra, 1986. 164-178. Disponible también en: http://www.bio-nica.info/Biblioteca/GarciaMarquez100.pdf (27/09/2008).
Lotman, Iuri M. “Acerca de la semiosfera”. La semiosfera. I: Semiótica de la cultura y del texto; selección y traducción del ruso por Desiderio Navarro; con un capítulo final de Manuel Cáceres. Madrid: Cátedra; Universitat de València, Cátedra Frónesis, 1996. 21-42.
[1] Mientras que para unos Fernanda del Carpio es la personificación del decoro (39) (J. Eduardo Jaramillo Zuluaga. “Chapter 3. Desire and Decorum in the Twentieth-Century Colombian Novel”. Bodies and Biases: Sexualities in Hispanic Cultures and Literatures; David William Foster, Roberto Reis, eds. U of Minnesota Press, 1996. 37-78. Disponible parcialmente en http://books.google.com.co/); para otros su “… parodic name already evokes the intransigence of the Spanish colonizers” (31). (Francisco Collado-Rodríguez. “Back to Myth and Ethical Compromise: García Márquez’s Traces on Jeffrey Eugenides’s The Virgin Suicides”. Atlantis. 27.2 (December 2005): 27–40. Disponible también en http://www.atlantisjournal.org/Papers/27_2/027-040%20Collado.pdf)
[2] El tema de la confrontación entre los centros de poder andino y las élites caribeñas en Colombia lo abordé el artículo: “Contra el macondismo: Para una estrategia posoccidental desde el Caribe colombiano”. Itaca: Revista del lenguaje. 3(2): 37-57, jun., 2005. (coautor con el Martha E. Bolaños Escobar).
[3] Esta visión externa del universo andino sigue siendo la nota clave en la descripción del mundo de Fernanda visto por Aureliano Segundo: “Se extravió por desfiladeros de niebla, por tiempos reservados al olvido, por laberintos de desilusión. Atravesó un páramo amarillo donde el eco repetía los pensamientos y la ansiedad provocaba espejismos premonitorios. Al cabo de semanas estériles, llegó a una ciudad desconocida donde todas las campanas tocaban a muerto” (García Márquez, 1986: 167-168).
[4] A pesar de que el viaje a los Andes de Aureliano Segundo es breve en relación con la vida transplantada de Fernanda al Caribe, nunca parecemos tener su visión de los otros en su propia perspectiva.
[5] Véase al respecto: Doris Sommer. Ficciones fundacionales: Las novelas nacionales de América Latina; traducción José Leandro Urbina y Ángela Pérez. Bogotá: Fondo de Cultura Económica, 2004.
Tuesday, June 30, 2009
Las crónicas apócrifas de Mayra Montero

Mayra Montero
Aguaceros dispersos
Ediciones Tusquets
Barcelona, 1996.
196 p. ISBN: 84-8310-499-7
En Aguaceros dispersos la escritora y periodista cubana Mayra Montero, residente en Puerto Rico, reúne una amplia serie de escritos, con los que ha venido colaborando semana a semana con el periódico boricua El Nuevo Día y que son parte importante de la labor que la ha llevado a ser considerada una de las escritoras más reconocidas en el Caribe de hoy. Ella les llama discretamente “columnas” en su “Prólogo y legión”; desembarazándose así del entuerto de asignar género a estos escritos, habitantes de una invisible frontera entre periodismo y literatura. Se va por la forma, columnas de texto que conforman la estructura tipográfica de un periódico y que por derivación de sus homólogas arquitectónicas, se convierten en sostén estructural del cuerpo periodístico. “Crónicas periodísticas” les llaman por el contrario los editores de este libro y eso sí no parecen ser, porque si nos remitimos a lo etimológico, la esencia de este género difuso sería el relato de un acontecimiento o hecho que se desenvuelve en una serie temporal y aquí Cronos vuelve a morir, esta vez por mano de mujer.
Mayra Montero se acerca a sus protagonistas, seres reales y desconocidos en muchos casos, con una delicadeza de coleccionista de mariposas, los saca del tiempo, llevándolos a su ambiente mitificante en que son más ellos, sobresalen del fondo en que se desenvuelven y asumen categoría literaria, esbozos para una novela magistral de la vida en el Caribe. No son crónicas y ni siquiera periodismo, si nos atenemos al espíritu más ortodoxo que aún se debate en las redacciones y en las escuelas de la región. No hay afán en copiar detalles y arandelas para adornar o encubrir un personaje que naufragaría así en una historia ahogante, rescatada para consumo de lectores morbosos ávidos de novedad. Mayra se limita a transitar por sus calles de cada día, hace sus viajes como cualquier buen turista o se abandona a los recuerdos de su niñez.
La trashumancia de sus escritos aspira a tímido trillo no a iluminada avenida, ella no es Dios en su omnisciencia, no aspira a saberlo todo sobre esos personajes como: Madame Lulú, prima de Pablo Lafargue, yerno cubano de Karl Marx; Miguelina, saturada empleada doméstica con que comparte sus oficios; Butterfly McQueen, actriz negra que interpretara a la sirvienta de Scarlett en Lo que el viento se llevó o Myrna Loy, travesti de
Estos personajes “femeninos” que pueblan “Junio en la memoria”, primera sección de esta recopilación, se diría que han venido a ella como ovejas al pastor; no parece haber búsqueda premeditada, aunque detrás de esta apariencia pueda sospecharse una prolongada actitud de observación, de cazador en la sombra, que desnuda respetuosamente a sus “víctimas”. Son mujeres, ancianas en muchos de los casos, abandonadas a su propia suerte por el destino, sin embargo, absolutamente venerables y dignas de una conmiseración expansiva a la que nos invita Mayra Montero. Para escribir sobre estas mujeres se viste ella con sus más femeninos atributos, abandonando cualquier intento de revancha feminista, pero dulcificada en su palabra, maternal, compasiva, disimulando los hechos en supuestos que humanizan la escasa participación del periodista en los sucesos, su sombra aquietada de narrador decimonónico resignado al curso de los hechos.
Los acordes musicales son el hilo que engarza las fábulas de “Apassionata”, segunda sección de Aguaceros dispersos. Fábulas sí, no crónicas, ni columnas, es lo que parecen resultar del trabajo de este Sherezada insular, que en su palabra convoca siempre al misterio, a la secreta causalidad de los acontecimientos, a lo inevitable de los agüeros, con un estilo que parece aprendido de las charlas de una vieja abuela cubana, sin ahorrarse mucho del pícaro humor caribeño aderezado para más amplio público.
Palomas, monos y hasta un gallo se pasean por la sección “El cielo y tú”. Fábulas, lo habíamos dicho, pero posmodernas, con moralejas simples, el humanismo de toda la vida y ese misterio que raramente aún convoca lo natural: “Las palomas son criaturas misteriosas, pero a la vez muy diáfanas”, paloma la propia Mayra, curiosa y atenta ante lo humano y lo divino, discreta aún, casi callada.
“Mientras ellas duermen” recoge unos pocos escritos de temática ecológica, como se dice ahora, que abundan en esa candidez casi fingida hacia lo natural, con que Mayra Montero logra plenamente captar la atención del lector. Sigue desmesurada su escritura, sin pretensiones de veracidad, historias un tanto apócrifas, como confiesa ella misma: “No los escucharé a pesar de todo, porque ninguna explicación o testimonio superará mi fantasía”.
Desde las páginas de El Nuevo Día esta mujer sigue defendiendo su deseo de soñar, fantasear, quizá a desvariar, nada más humano en alguien que confiesa creer en la sencillez: “No se puede ser tan inmenso a costa de nada, y se me figura que, lo mismo el molusco que los cebollines, deben de haber perdido gran parte de su esencia en el camino a la grandeza…” Y nada de asombro parece haber perdido Mayra en su tránsito hacia el pleno reconocimiento literario, asombro, recogimiento y sencillez, que expresa al acercarse a temas tan explorados como la muerte. De esto viene a escribir en la sección titulada “Despertar al General”, donde nos lleva a los momentos postreros en cuatro historias, entre reales y apócrifas, ya sea un asesinato al estilo de
Continúan las secciones “Lejos del rebaño”, donde habla de hechos sorprendentes que suceden en la actualidad, más que un tema en común, los escritos de esta tienen un tono de añoranza irónica por los viejos buenos tiempos idos; “Enemiga del alma”, con “columnas” de temática también difusa, alrededor de la espiritualidad y la afectividad, pero marcadamente humanística y “Escrito en el Skydome”, sección de tema deportivo: alpinismo, fútbol, béisbol.
“Rumbas de corazón para muertos anticipados” en el título de la última sección del libro y para este punto nuestros esfuerzos de interpretar los ejes temáticos de las partes que componen Aguaceros dispersos se hacen imposibles. Quizás hemos topado con esas “columnas anárquicas, renuentes a cualquier tipo de clasificación”, con que se encontró la propia autora en el proceso de organizar el material que conformaría el libro. Hay así en “Rumbas de corazón...” historias tan disímiles como las de objetos olvidados en las prendas que se envían a la lavandería, los ángeles, sobre la gente que se encuentra en los supermercados a altas horas de la noche o sobre los epitafios. Por la última “crónica”, que lleva el mismo título de la sección mencionada, desfila una pequeña colección de esas palabras para acompañar a los muertos, o para acompañar a los vivos que ellos dejan. Están aquí el famoso epitafio de Dolores Rondón, que aún puede leerse “en el cubanísimo cementerio de Camagüey”, uno de los escritos por Sarduy y como colofón aquel que se dedica a sí misma la autora:
Pudo ser sal o pudo ser comino,
Úsese el polvo para mezclar con vino,
Y tómese de cantazo, en luna llena.
Sobre ella ha escrito la ensayista cubana Uva de Aragón, que en sus novelas, como hemos visto en su periodismo,...“quedan borradas las diferencias entre lo ficticio y lo real”. Seguramente Mayra Montero se ha empeñado en esto, negando fronteras entre los distintos géneros escritos en que ha incursionado. Sus novelas La trenza de la hermosa luna (Anagrama, 1987), La última noche que pase contigo (1991), Del rojo de su sombra (1992), Tu, la oscuridad (1995), Como un mensajero tuyo (1998), Púrpura profundo (2000, Ganadora del Premio
Kevin Sedeño Guillén
Universidad Nacional de Colombia
Friday, June 26, 2009
Los libros que lleva y trae el viento
Abellán, José LuisAgradecimientos..............................................9
Introducción....................................................11
Capítulo I
La investigación sobre la idea de América...17
Capítulo II
El origen de la palabra «América»: su consideración
como entidad geográfica e histórica...............25
Capítulo III
La diferente colonización
entre el norte y el sur de América.................. 39
Capítulo IV
La determinación de América como unidad política... 53
Capítulo V
La identidad hispanoamericana: una toma de conciencia... 69
Capítulo VI
La reacción antipositivista.........................................87
Capítulo VII
El arielismo como expresión filosófica del modernismo.. 103
Capítulo VIII
Rubén Darío: conciencia máxima del arielismo........113
Capítulo IX
El pensamiento de Ortega y Gasset
y su influencia en América......................................... 127
Capítulo X
José Gaos y la Historia de las Ideas en Hispanoamérica....141
Capítulo XI
El sentimiento de lo autóctono
en el ensayo hispanoamericano: México........................159
Capítulo XII
El sentimiento de lo autóctono
en el ensayo centroamericano: Guatemala,
Nicaragua, Costa Rica, Panamá, El Salvador...................171
Capítulo XIII
El sentimiento de lo autóctono en el ensayo del Caribe:
República Dominicana, Puerto Rico, Cuba.......................185
Capítulo XIV
La realidad peruana en el ensayo contemporáneo..........195
Capítulo XV
Los problemas de la Gran Colombia:
Colombia, Venezuela, Ecuador......................................... 203
Capítulo XVI
El cono sur: Argentina, Uruguay, Chile...........................217
Capítulo XVII
Los países mediterráneos: Paraguay y Bolivia.............. 229
Capítulo XVIII
El modelo brasileño............................................................237
Capítulo XIX
Los problemas del indigenismo........................................ 245
Capítulo XX
La idea de América durante la «guerra fría».................. 251
Capítulo XXI
El proceso de «globalización»:
su incidencia en la idea de América.....................259
Capítulo XXII
El «ser» de América...............................................267
Epílogo.....................................................................285
El sujeto criminal se psicoanaliza: Memoria, romanticismo y psicoanálisis en Alias Grace. Propuesta de lectura
Kevin Sedeño GuillénEstudios Literarios
Universidad Nacional de Colombia
E-mail: krsedenog@unal.edu.co
La novela Alias Grace (1996) de la escritora canadiense Margaret Atwood, inicia con la presentación de un crimen ocurrido en el Canadá de la primera mitad del siglo XIX, por lo demás real, luego de que éste ha sido consumado y sus supuestos culpables juzgados y condenados. Esta manera de narrar descartaría desde el principio la intención “policial” y le permitiría a la autora la posibilidad de concentrarse en lo que al parecer le importa: el mundo interior de la convicta asesina Grace Marks, desplazándose hacia las interioridades de la memoria individual, sus complejidades y tensas relaciones con el pasado.
e y de la época en la que ésta viviría, Atwood recurre a dos artefactos culturales de amplias resonancias en la cultura occidental, por demás vinculados uno al otro a través de múltiples ramificaciones. Romanticismo y psicoanálisis hacen parte constitutiva de la reconstrucción, tanto de los acontecimientos políticos, sociales y culturales que definirían el período comprendido en la novela, como de las mentalidades de sujetos abocados a comprender su participación en los hechos criminales por los que han sido juzgados, como la joven Grace Marks, o los limites de las nacientes ciencias de la mente para dar cuenta de la culpabilidad o inocencia de un sujeto recluido en las fronteras de su consciencia, como el médico Simon Jordan.
lity, to use a Kantian formulation, for the development of psychoanalysis. Psychoanalysis incorporated into its understanding of madness many concepts developed by romantic doctors -romantic in the philosophical sense…” (163-164). El romanticismo, junto con el judaísmo y la ilustración, habría sido una de las fuentes principales de inspiración de Sigmund Freud (1856-1939), en su concepción del psicoanálisis. La presencia en su biblioteca de varios trabajos de autores románticos y más de 130 citas que aparecerían en sus escritos, atestiguarían el conocimiento de Freud del romanticismo literario. Todos los temas que la medicina y la ciencia romántica pusieron como fundamentos se podrían encontrar un siglo después en el psicoanálisis: el valor psíquico de los sueños, el instinto, la regresión, el auge de los cuales constituiría la fuente de lo "uncanny" (Schelling) –concepto central tanto en el romanticismo como en el psicoanálisis, entre otros. En "A Short Account of Psycho-Analysis" (1924) Freud alude explícitamente al romanticismo como un elemento en la prehistoria del psicoanálisis, mientras Thomas Mann valoraría por su parte al psicoanálisis como un romanticismo devenido científico (Vermorel y Vermorel).
La construcción de Grace Marks como sujeto romántico es establecida al interior mismo de la ficción novelesca, en este caso por Lydia, la hija del alcaide de la prisión donde esta se encuentra recluida: “Las personas románticas nunca ser ríen, lo sé por las ilustraciones”- piensa Grace (Atwood. Alias Grace 38). Con esos mismos ojos la ve Jordan: “En la primera página hay un retrato de Grace que fácilmente podría pasar por el de una heroína de una novela sentimental…” (81)[1]. El mismo, casi al final de la novela, se considera a la luz del romanticismo: “…me temo que estoy condenado a vagar solo por la faz de la tierra como uno de los más siniestros y lúgubres proscritos de Byron…” (563)[2]
los críticos que han escrito sobre Alias Grace encuentran cierta incompatibilidad entre su “…postmodernist critique of history within the framework of nineteenth-century literary conventions” (Blanc 101). Sin embargo, Blanc concilia esos dos fines entendiendo la novela como “…a trial novel that questions the construction of a teleological courtroom narrative deliberated based upon nineteenth-century novel-writing strategies and delivered in large part by a fictional Grace Marks, who acts throughout the novel as her own defense attorney”. En este sentido Blanc se mueve en el campo de estudios del derecho y la literatura (103). En un análisis en el que parte de la premisa de que Grace funge como su propia abogada defensora, teniendo al Dr. Jordan y a nosotros los lectores como su jurado, Blanc analiza como:By using romantic conventions and characters, as well as Biblical allusions, Grace responds that it was the men, Kinnear and McDermott, who lusted after her and attempted to assault her. Thus she partly indulges local fantasies of desire for and aggression against women. This portion of her narrative titillates at the same time as it attempts to exculpate. If Jordan wants to see her vindicated (322), it is in part because he is effectively searching for signs of insanity in her testimony and, in part, because he himself secretly lusts after unusually composed yet mysterious Grace. Predictably, Jordan proves a less than ethical and competent judge and flees the county, his verdict unrendered (122-123).
Las conclusiones de Blanc están relacionadas con que cien años después de la condena de Grace Marks, no tendría sentido reabrir literariamente su proceso, si no fuera para cuestionarse acerca del modo en el que comprendemos las instancias de manipulación narrativa que estimulan las cortes judiciales (124). Sobre el uso de elementos históricos en la novela se ha señalado que:
Alias Grace is indubitably Atwood’s most metafictional novel. Indeed, the author’s manipulation of historical data appears quite logical, since the story contains numerous gaps and possibilities for misinterpretation. The novel being no history book, Atwood, on the one hand, naturally made use of a series of available documents about the person of Grace Marks and about her history, but, on the other hand, she also had to invent a whole range of details, which cannot be deduced from historical accounts, and, most significantly, she provides the reader with her personal interpretation of the facts (Kerskens 356).
Atwood, Margaret. Alias Grace. Toronto: McClelland, 1996. Cit. en Blanc 122.
Notas:
[2] Contrariamente a sus diferencias científicas con la frenología, Jordan denota ser un apasionado lector de Tennyson (76, 564), Byron (81), Wordsworth (177), Walter Scott (221) y otros representantes de la escuela romántica inglesa. Mary Whitney lee en alta voz The Lady of the Lake (1810), de Scott, para Grace (221); lo mismo que Nancy Montgomery a Thomas Kinnear (373). El poema de Scott tiene una notable importancia en la conformación profunda de la anécdota en Alias Grace, al punto de que la parte diez asume el título de ésta como propio, lo mismo que el barco en que Grace y McDermott huyen hacia los Estados Unidos. Otras alusiones a autores de la órbita romántica: Walter Scott (Attwood 255, 330), Nataniel Hawthorne (257), Tennyson (529).
[3] Cfr. Roger Cooter. The Cultural Meaning of Popular Science: Phrenology and the Organization of Consent in Nineteenth-Century Britain. Cambridge; New York: Cambridge University Press, 1984. Disponible en Google Libros. <http://books.google.com.co/> y Lauren Julius Harris. “A Young Man’s Critique of an ‘Outré Science’: Charles Tennyson’s ‘Phrenology’ (1827) with Commentary and Annotations”. Journal of the History of Medicine and Allied Sciences 52.4 (1997):485-497.
Thursday, June 25, 2009
Puerto Rico Caribe, número especial Revista Iberoamericana
Ya salió Puerto Rico Caribe, número especial de la Revista Iberoamericana (# 229), dedicado íntegramente a la literatura puertorriqueña a partir de la segunda mitad del siglo XX, vista desde los paradigmas críticos del siglo xxi.La Revista Iberoamericana es la revista de récord del campo de estudios literarios latinoamericanistas. Es publicada por el Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana (IILI), con el patrocinio de la Universidad de Pittsburgh.
La portada contiene un detalle de la obra de la pintora puertorriqueña radicada en Nueva York y Pittsburgh, Nayda Collazo-Llorens (Test 20, 2007).
El concepto de portada es del diseñador digital puertorriqueño Juan Carlos Torres
Para adquirir, escribir a Sara Brook - iilisus@pitt.edu
Índice
Revista Iberoamericana núm. 229, octubre-diciembre 2009
Puerto Rico Caribe: Zonas poéticas del trauma
Introducción
Juan Duchesne Winter
ZONAS
El Caribe en la época de Babel: entre grito y gemido
[Sobre Nelson Rivera, Teófilo Torres y Teresa Hernández]
Mara Negrón
Esquinas y/o encrucijadas: una mirada al Caribe urbano en música y literatura
[Sobre Mayra Santos Febres, Andy Montañez, El Gran Combo...]
Juan Otero Garabis
San Juan: Rasgadura del espacio, arte y narrativa
[Sobre Proyecto de Arte Público, Juan López Bauzá, Edgardo Rodríguez Juliá...]
Malena Rodríguez Castro
Poetas puertorriqueños en Chicago
[Sobre David Hernández, Salimar Rivera, Emma Iris Rodríguez...]
Marc Zimmerman
POÉTICAS
Hipótesis sobre cuatro maneras de poetizar: poesía puertorriqueña contemporánea
[Sobre Sylvia Figueroa, Noel Luna, Guillermo Rebollo Gil y Chloé Georas]
Áurea María Sotomayor
Lost in the Museum of Natural History, de Pedro Pietri o la mirada imposible: Notes for future reference
Juan Carlos Quintero Herencia
Poesía de porquería: la lírica post-reguetónica de Calle 13
Frances Negrón-Muntaner
Eduardo Lalo: cruzando fronteras y transitando por los (no) lugares de la representación textual y fotográfica
Irma Vélez
DEL TRAUMA
Queer Nation
Rubén Ríos Ávila
Del “trauma de la literatura” al “relato del trauma”: (con)figuraciones de la vergüenza en los relatos sobre la presencia militar norteamericana en Puerto Rico
[Sobre Pedro Juan Soto, Edwin Figueroa, Emilio Díaz Valcárcel, Luis López Nieves y película "Seva vive", de Francisco Serrano]
Juan Carlos Rodríguez
Expiar la vergüenza en Sol de medianoche, de Edgardo Rodríguez Juliá
Ivette N. Hernández-Torres
Desde las fronteras raciales de dos casas letradas: habla Piri Thomas
Eleuterio Santiago-Díaz
Ilia Rodríguez
Nuyoricans y Negropolitanos: diáspora y racialización en Puerto Rico y Martinica
[Sobre Piri Thomas y Frantz Fanon]
Yolanda Martínez-San Miguel
Espectros, alienígenas, clones: los sondeos poscoloniales de Pedro Cabiya
Néstor Rodríguez
Vicisitudes de lo perverso en la literatura de Puerto Rico: desde El puertorriqueño dócil hasta El capitán de los dormidos
[Sobre Rosario Ferré, Mayra Montero y René Marqués]
Benigno Trigo
(Tomado de nota publicada por el profesor Juan Duchesne-Winter en Facebook)
Tuesday, June 23, 2009
El cine cubano se toma los barrios de Cartagena de Indias

En actividades previas al I Festival Cultural Cartagena La Habana Son Cartagena de Indias, D. T y C, junio 22 de 2009. PRENSA IPCC Con la premier en Cartagena de la película Roble de Olor del director cubano Rigoberto López Pego, hoy martes 23 de junio en el Teatro Adolfo Mejía (Heredia) y con una amplia muestra audiovisual en las plazas, y centros culturales de la ciudad durante toda la semana, se inician las actividades previas al I Festival Cultural Cartagena La Habana Son que se realizará del 26 al 28 de junio en la ciudad. La proyección de la película -premiada en Cannes en 2006- será a las 6:00 p.m. con entrada libre, hasta completar aforo, y la presentación estará a cargo de su director, quien se encuentra en Cartagena para presentar, además, la II Muestra de Cine del Caribe. Roble de Olor transcurre en la primera mitad del siglo XIX, en Cuba, en el Caribe; espacio de inconstancias, de enigmas, sueños y tragedias sin fin. Una mujer negra, hermosa y distinguida procedente de Saint Domingue (Haití); y un alemán - romántico comerciante recién llegado a la Isla -, protagonizan la historia del infinito amor que hizo fructificar el cafetal más rico de Cuba: Angerona. En un período oscuro, en un lugar cercado por la intolerancia y la incomprensión, la confabulación de intereses y el poder absoluto, Ursula Lambert y Cornelio Souchay son algo más que dos culturas encontradas, dos identidades, dos modos de pensar la vida. El amor es una condenada utopía que lucha por la consumación de un destino, el de un gran cafetal: Angerona. Su belleza y su fragilidad. Metáfora de nuestro tiempo. La historia de una obsesión y de una esperanza: vivir en un mundo mejor. La muestra de cine cubano que hace parte del Festival, y que es coordinada por el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena IPCC, también se extenderá a la Red de Bibliotecas y Centros Culturales de la ciudad. Mañana en la Biblioteca Distrital Jorge Artel del Barrio el Socorro se presentará película Soy Cuba de Mikhail Kalatazov a las 6:00 p.m. El miércoles 24 de junio en la Biblioteca Juan de Dios Amador del barrio Boston se proyectará la película La Rumba Soy Yo de René Arencibia a las 6:00 p.m.; en el Centro Cultural Las Palmeras se presentará la película Suite Habana de Fernando Pérez a las 6:00 p.m.; en la biblioteca Balvino Carreazo de Pasacaballos se proyectará la película María Antonia de Sergio Giral a las 6:00 p.m. y el jueves 25 de junio en la Plaza de la Trinidad Getsemaní estará proyectándose la película La última Rumba de Papá Montero de O. Cortázar, a las 6:00 p.m. En el parque de Bruselas se proyectará Las Aventuras de Juan Quintín (J. G. Espinoza) a las 6.00 p.m. y en el Aula Máxima de Derecho de la Universidad de Cartagena será la proyección de película El hombre de Maisinicú de Manuel Pérez, también a las 6:00 p.m. Sobre Rigoberto López Pego Director cinematográfico. La Habana, 06 de julio, 1947. Es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de la Habana y trabajó en el Departamento de Cine de la Televisión Cubana. Desde l971 forma parte del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC). Su más reciente film: Roble de Olor recibió el Premio Dikalo a la Mejor Pelicula en el Festival de Cine Panafricano de Cannes, Francia, en 2006. Sus documentales y cortometrajes de ficción le han valido el reconocimiento del público y la crítica especializada en Cuba y el extranjero, así como importantes premios nacionales e internacionales. Se encuentra en Cartagena con el apoyo del Ministerio de Cultura y del IPCC para presentar además la II Muestra de Cine del Caribe y su película Yo Soy del Son a la salsa, en el marco del I Festival Cultural Cartagena La Habana Son. Oficina de Prensa del IPCC 6645361. Centro, Calle del Tablón, segundo piso. Edificio González Porto. |
